La responsabilidad social y ética de los profesionales de la educación.
El
desarrollo de la profesión docente se encuentra enmarcado en el cumplimiento de
unos principios éticos y morales que permiten el logro de unos objetivos
sociales, individuales e institucionales, por lo que cada profesional de la educación
debe actuar con comedimiento de manera que no afecte la institución, el entorno
donde se desarrolla y por ende a sí mismo.
La
formación ética de los profesionales de educación es un requerimiento que garantiza
los altos niveles de responsabilidad que les son atribuidos y que a su vez se
revierten en el fortalecimiento de su estatus profesional.
El
profesional docente tiene como función principal la creación de relaciones
educativas que faciliten a las personas ser protagonistas de sus propia vida y
conocimiento, en tal sentido, sus acciones deben estar orientadas a favorecer
los procesos que permitan el crecimiento personal e integral de los individuos
con los que realiza su práctica.
Si
bien es cierto que el rol de los docentes no está orientado a la solución de problemas
sociales, la UNESCO (2003:11) plantea que “estudios e investigaciones recientes
muestran que ellos son capaces de disminuir la influencia negativa de las
condiciones sociales de inequidad, pobreza, falta de servicios básicos, entre
otras”. En consecuencia, el ejercicio de la docencia requiere de profesionales
con el deber de rendir cuentas a la sociedad y a las familias.

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